En San Javier Deudos reclaman contra aseo de Cementerio Parroquial y robo de especies de tumbas

Desde que reabrió el campo santo, varias sepulturas sufrieron robo de crucifijos, manillas y hasta las flores de las tumbas familiares.
¿Hasta qué punto ha llegado la delincuencia en San Javier?. Esa es la pregunta que se hacen decenas de personas que volvieron al Cementerio Parroquial, tras el término de la Fase 1 del Plan Paso a Paso debido a la pandemia por Covid 19 y comprobar que sus sepulturas fueron robadas en forma descarada, sin que nadie haya visto absolutamente nada, y mucho menos alguien se haga responsable del robo de especies.
Grande fue la sorpresa de varias familias que llegaron a visitar a sus deudos y comprobaron que a sus sepulturas habían llegado primero los «amigos de lo ajeno», pues no existían crucifijos, manillas y hasta letras con el nombre familiar.
En tanto otros, volvieron, no se percataron de nada; pero en una segunda visita se percataron del robo de las flores que habían instalado en la visita anterior; por lo que reclamaron a la Administración del Cementerio en la Parroquia San Francisco Javier, sin que nadie se haga responsable de estos hechos; por lo que se han expresado en redes sociales y no descartan iniciar acciones legales en contra de la Administración y de quienes resulten responsables.
El aseo es otro punto en conflicto
Pero la guinda de la torta, dice relación con el aseo del campo santo, el cual se encuentra en pésimas condiciones, con basura fuera de los basureros, sin retiro de basura por días y restos de flores secas, las que incluso imposibilitan el normal desplazamiento de los deudos por dichos sectores.
El reclamo de los afectados es directamente en contra de la Administración del recinto, pues todos los meses deben cancelar una cifra de dinero, el cual siempre se les dijo, era justamente para el aseo y limpieza de todo el recinto; el que claramente no está sucediendo y ha generado una serie de comentarios en redes sociales; en la gente se ha desahogado en contra de la Administración y del Obispado de Linares, propietario del recinto.

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