Los efectos de las lluvias en medio del verano Dañan los cultivos, interrumpen las cosechas y no combaten la sequía

La Dirección Meteorológica de Chile (DMC) aseguraba que la lluvia caída durante el fin de semana no había ocurrido en los 150 años de los que se tiene registro. En ese momento, el organismo calculaba que habían precipitado en la Región Metropolitana entre 35 y 40 milímetros, lo que superaba en 10 mm lo pronosticado. Normalmente, lo que cae en la RM son 0,6 mm.
La lluvia dejó consecuencias a la vista, como los aluviones que se registraron en San José de Maipo, pero trae aparejadas una serie de implicancias que no son tan evidentes, incluyendo su relación con la megasequía que afecta al país hace once años. Lamentablemente, como explica la meteoróloga de la oficina de Servicios Climáticos de la DMC, Catalina Cortés, no significa por sí misma buenas noticias en ese sentido.
“Una lluvia como esta aumenta el comportamiento de precipitación acumulada a la fecha, pero tenemos que esperar que esta curva, que se va sumando día a día, se mantenga en condiciones de normalidad”, explica.
“Por 11 años consecutivos hemos tenido déficit de precipitación que incluso ha superado el 30%. Si yo a esta fecha reviso el superávit que tenemos en Santiago, es mayor al 100%. Eso significa que ha llovido más hasta ahora, pero necesitamos mantener esa condición hasta pasado el invierno. No sirve de nada tenerlo ahora si en el invierno no llueve, porque voy a continuar con un déficit de precipitaciones”.
“Necesito obligadamente que llueva en el invierno de una forma normal para poder recién hablar de que el año podría terminar con una condición cercana a lo normal, y recién ahí podríamos decir que este año podría disminuir —en algo, ligeramente— una condición seca, pero si lo extrapolamos a la cantidad de años que ya llevamos con megasequía, sería más bien muy pequeño el aporte para revertir la sequía. Necesitamos de unos cuantos años normales dentro de la condición de lluvia más para poder hablar de que existe un retroceso en esta condición seca continua que hemos llamado megasequía”, apunta.
Según advierte la agrónoma de la oficina de Aplicaciones Agrometeorológicas de la DMC, Sandra Alvear, el agua no se aprovecha de la misma manera cuando su caída se concentra en un corto tiempo. “Los suelos tienen una capacidad de infiltración de agua y una capacidad de retención. Dependiendo del tipo de suelo y de sus características, va a lograr infiltrar una cierta cantidad de agua en un periodo de tiempo y la que no alcanza a infiltrar escurre por la superficie hacia zonas con menos contenido de agua o a zonas más abajo en la pendiente, por eso también se generan los aluviones”, dice.
Las secuelas en los cultivos Más allá de sus efectos en la sequía y los deslizamientos de tierra, las lluvias en el medio del verano traen problemas para la agricultura. “Ya se han observado algunos primeros efectos que están reportando las autoridades regionales”, dice Alvear.
Entre ellos, se habla de la caída de un parronal en cultivos de uvas de mesa por daño mecánico asociado al peso del agua. También cree que se puede haber generado daño por granizo. “Estamos en plena producción de frutas, por lo tanto podrían observarse algunos daños por partiduras en carozos, en arándanos, en uvas, y luego de esa partidura —por cómo están las condiciones meteorológicas, que son favorables para el desarrollo de hongos— lo más probable es que se desencadenen algunas enfermedades, problemas durante la post cosecha o durante la cosecha”, agrega.
También se podría observar algún cambio en “insectos u organismos de ciclo más corto”, que pueden ver favorecida su reproducción con estos eventos porque “hay agua y recursos de alimento disponibles”. Esto ha ocurrido en temporadas anteriores, por ejemplo, con polillas, como confirmaron entomólogos en 2015. Otro efecto derivado de las lluvias tardías que se ha reportado con anterioridad es la proliferación de cierta vegetación, como explicó el agroclimatólogo de la U. de Talca, Patricio González, en 2017. “Han propiciado el crecimiento de la maleza en el secano costero y la precordillera, lo que produce que las semillas, que estaban en estado de latencia, rebroten y pueblen la zona.
Este escenario, asociado a otros factores como el alza de las temperaturas y la baja humedad, favorece el desarrollo de incendios forestales eruptivos”, dijo. A pesar de los efectos negativos, Alvear aclara que las lluvias siempre “tienen su lado positivo”. “Es muy probable que varios sectores de menor altura sobre el nivel de mar hayan podido almacenar algo de agua que después sirva para los pozos profundos y es probable que se pueda observar la evidencia en el almacenamiento de agua en tranques, en los embalses de la cordillera y precordillera, en los canales. Se puede contar con que va a haber un efecto positivo también, el problema es para la agricultura porque está fuera de época y hay otras actividades planificadas, como la cosecha de fruta o de hortaliza”, cierra. Emol.com

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