Liderazgo educativo y mejora escolar: una herramienta clave para transformar la calidad educativa
En los últimos años, se ha fortalecido considerablemente la evidencia sobre el impacto que el liderazgo educativo tiene en los resultados de aprendizaje, en la mejora institucional y en el bienestar general de las comunidades educativas. Este tipo de liderazgo desempeña un papel crucial en la transformación y mejora de las escuelas, ya que permite concretar el potencial de los establecimientos educacionales, incidiendo positivamente en aspectos como la motivación, las prácticas pedagógicas, las condiciones laborales y, en consecuencia, en el rendimiento académico del estudiantado.
Avances normativos en Chile: hacia una dirección más pedagógica
En Chile, el fortalecimiento del liderazgo educativo ha sido respaldado por importantes hitos legislativos. La Ley N.º 19.979, promulgada en 2004, marcó un antes y un después al definir formalmente la función directiva. Esta normativa estableció que la principal responsabilidad del o la directora de un establecimiento es liderar el Proyecto Educativo Institucional (PEI), otorgándole nuevas atribuciones pedagógicas.
Posteriormente, la Ley General de Educación (LGE), N.º 20.370, promulgada en 2009, vino a consolidar estos avances, reafirmando que los directivos escolares son los encargados de conducir e implementar el PEI. La LGE establece que los directores deben liderar sus instituciones en función de sus atribuciones y formaliza su responsabilidad directa en la mejora de la calidad educativa de sus escuelas.
Un nuevo impulso se dio con la promulgación de la Ley N.º 20.903, que crea el Sistema de Desarrollo Profesional Docente, un marco que abarca desde la formación inicial de los docentes hasta su desarrollo profesional continuo. Esta ley también mejora las condiciones laborales, reconociendo que el desarrollo profesional está íntimamente ligado al desempeño escolar.
El Marco para la Buena Dirección y el Liderazgo Escolar
Desde una perspectiva formativa, el Ministerio de Educación publicó en 2005 el documento «Marco para la Buena Dirección», un modelo que identificó capacidades y prácticas comunes en los líderes escolares efectivos. Este marco fue actualizado en 2015, dando origen al «Marco para la Buena Dirección y el Liderazgo Escolar» (MBDLE), que define prácticas de liderazgo efectivas y detalla los recursos personales necesarios para su implementación, agrupándolos en principios, habilidades y conocimientos profesionales.
Este documento reconoce que el liderazgo educativo es situacional, es decir, debe adaptarse a las características y necesidades del contexto, del tipo de establecimiento y de su nivel de desarrollo.
Definición y valor del liderazgo educativo
El liderazgo educativo se entiende como la capacidad de movilizar e influenciar a otros para alcanzar objetivos y metas compartidas en una comunidad escolar (Leithwood, 2009). No se trata simplemente de un atributo personal, sino de acciones concretas situadas en contextos específicos, que inciden directamente en el funcionamiento del sistema educativo.
Tanto investigaciones nacionales como internacionales han coincidido en identificar al liderazgo como un factor clave en la mejora de los establecimientos educacionales. En particular, en contextos de mayor vulnerabilidad, el liderazgo educativo se presenta como el elemento diferenciador que permite materializar el potencial de las escuelas (Leithwood, 2008; Bellei et al., 2014).
Los casos exitosos de escuelas que han logrado mejorar significativamente sus resultados académicos suelen tener en común la presencia de un liderazgo escolar efectivo, capaz de inspirar, guiar y gestionar equipos comprometidos con una educación de calidad.
Desafíos y oportunidades para los directores escolares
En consecuencia, los directores y directoras están siendo interpelados a asumir un rol más activo en el liderazgo pedagógico, respondiendo a las demandas actuales del sistema educativo, a los cambios normativos y a la creciente evidencia sobre su impacto en los aprendizajes.
Hoy más que nunca, las comunidades educativas requieren líderes que no solo gestionen recursos y administren instituciones, sino que también promuevan la transformación pedagógica, impulsen la innovación y velen por el bienestar integral de sus estudiantes. Se trata de una tarea compleja, pero profundamente significativa, ya que —al final del día— lo que verdaderamente importa es garantizar aprendizajes significativos y equitativos para todos los estudiantes.
«Un buen liderazgo educativo tiene un impacto directo en la calidad de los aprendizajes. Y eso, al final, es lo que importa…»
Vivianne Alfaro Hernández
Subdirectora Unidad de Apoyo Técnico Pedagógico (UATP)
Servicio Local de Educación Pública Maule Costa
