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Ex Carabinero maulino cumple 100 años de vida

El ex carabinero y destacado rayuelero de Talca cumplió un siglo este 1 de febrero. Rodeado de hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, confiesa que el secreto de su longevidad radica en la fe, el respeto mutuo y el amor incondicional por su familia.

Hay vidas que se cuentan por años y otras que se miden por la huella que dejan en los demás. Don Samuel Aurelio Benavides Ortiz cumple con ambas. Nacido en Laja el 1 de febrero de 1926, este fin de semana alcanzó la cifra dorada de los 100 años, manteniéndose con una lucidez que asombra y una vitalidad que, según él mismo dice, proviene de Dios y de una vida familiar ejemplar.

Acompañado por la directiva de SOMUCAR (Trienio 2023-2026) y Diario Maule Hoy, don Samuel abrió las puertas de su hogar para compartir las memorias de un siglo que ha visto pasar la historia de Chile desde la perspectiva de un hombre de uniforme, un padre abnegado y un deportista de alma.

Una vida de uniforme y sacrificio

Su camino en Carabineros de Chile comenzó en Santiago, pero pronto el destino lo trajo a la Región del Maule. Tras un paso de cinco años por el rigor climático de Sewell, en la cordillera de Rancagua —donde realizaba patrullajes a caballo bajo temperaturas gélidas—, se asentó en Talca.

En la capital maulina prestó servicios en la Tercera y Cuarta Comisaría, además de diversos retenes rurales como Corinto, El Sauce y Camarico. “Fue duro, se trasnochaba mucho, pero fue una experiencia inolvidable. La institución me permitió sostener a mi familia con sacrificio y abnegación; hoy vivo gracias a esa pensión y estoy profundamente agradecido”, relata con humildad.

El amor a primera vista y el valor de la familia

Si hay un pilar que sostiene a este centenario es su familia. A su esposa, Anastasia del Carmen Álvarez Romero, la conoció en Los Ángeles. Fue, en sus propias palabras, “amor a primera vista”. Juntos formaron un hogar sólido con tres hijos: Inés, Manuel y Julia, quienes hoy son su principal red de cuidado y afecto.

Don Samuel se enorgullece de un método de crianza que hoy parece una reliquia: el respeto absoluto. “Nunca a mis hijos les levanté la voz con una mala palabra. Siempre hubo respeto y dignidad, y por eso hoy me quieren tanto”, afirma. Esa unión familiar se refleja en la multitudinaria descendencia que hoy celebra su siglo de vida: una legión de nietos, bisnietos y tataranietos que ven en él un ejemplo de rectitud.

La rayuela: El «vicio» de la puntería

Pero no todo ha sido trabajo y guardia. Don Samuel confiesa que su gran pasión ha sido la rayuela, deporte nacional que ha practicado «toda la vida» y que le ha valido numerosos diplomas y medallas que atesora con orgullo. Lo más sorprendente es que, a sus 100 años, asegura que todavía se siente con ganas de jugar, demostrando que la destreza no tiene fecha de vencimiento.

Un mensaje para Chile

Con la perspectiva que dan diez décadas, don Samuel mira el presente con optimismo, aunque no evita la crítica constructiva hacia las nuevas generaciones. “Los jóvenes a veces son algo irrespetuosos e individualistas; no ceden el asiento en las micros”, observa.

Sin embargo, su mensaje final para la ciudadanía es de bendición: “Espero que cumplan la misma edad que tengo yo. Para llegar a esto, hay que ser bueno con los vecinos, evitar los insultos y ser respetuoso con todo el mundo”.

Católico ferviente, agradece a Dios cada noche por su salud. Hoy, el «viejito» Samuel —como le dicen de cariño— no solo celebra cien años de vida, sino cien años de coherencia, fe y una alegría que parece inagotable.