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Entrevista a María Pía Yovanovic Casale Fundadora y Directora de Prefiero el Maule: «Cuando uno trabaja con propósito, el impacto siempre encuentra su camino»

Pía, han pasado varios años desde que comenzaste con tu trabajo apoyando a emprendedores en el Maule. ¿Qué te motivó en un inicio? lo primero fue querer unirnos en medio de la pandemia para dar un mensaje de preferir local y ayudarnos. Inmediatamente sentí una conexión muy profunda con las personas y sus historias. Veía talentos increíbles, esfuerzo silencioso, sueños que muchas veces no encontraban vitrina. Sentí que podía hacer algo, aunque fuera pequeño al comienzo, y decidí partir. Más que un proyecto, fue una convicción del corazón. Y esto nació con mi familia durante un almuerzo donde decidimos poner manos a la obra en algo que estaba supuesto a durar 3 meses como una campaña de comunicación estratégica llamada «Prefiero el Maule». Llevamos 6 años contribuyendo al contenido positivo en nuestra región.
¿Qué has descubierto en este camino junto a tantos emprendedores?
He descubierto humanidad en su estado más puro. Detrás de cada emprendimiento hay historias de esfuerzo, de familia, de salir adelante pese a todo. También he aprendido que cuando alguien cree en ti, aunque sea un poco, puede marcar una diferencia enorme. Y creo con total honestidad que he aprendido tanto de ellos que ha sido mi mejor magiste o doctorado. Uno de la vida misma…
Tu trabajo ha tenido un fuerte componente social. ¿Cómo lo vives en lo personal?
Lo vivo con mucha responsabilidad, pero también con mucha gratitud. Siento que he recibido mucho más de lo que he entregado. Cada historia, cada conversación, cada logro de otros también se vuelve un poquito propio. Es un camino muy emocional. A veces incluso diría solitario porque estás con mucha gente y también paso en soledad horas y días creando, leyendo, estudiando y diseñando estrategias y avanzando en temas como la Escuela de Emprendimiento que me toma mucho tiempo. Menos mal mi familia completa lo vive conmigo y me apoyan en absolutamente todo. Tanto así que hasta he partido a estudiar fuera de Chile por ejemplo cuando me gané la beca de Agroturismo y multifuncionalidad del mundo rural en Italia de «Habilitas» de la IILA. No dudaron en dejarme ir por más de 1 mes para aprender cosas que podría aplicar a mi vuelta.
¿Qué rol juega la pasión en todo lo que haces?
Es el motor de todo. Sin pasión es muy difícil sostener cualquier iniciativa en el tiempo. Yo creo profundamente en lo que hago, y eso se transmite. La pasión también tiene que ver con levantarse incluso cuando las cosas no resultan como uno espera. La pasión actúa como un amortiguador emocional que permite procesar el fracaso no como una derrota personal, sino como un dato necesario para ajustar la estrategia.
La pasión es una de las pocas fuerzas que no se puede fingir a largo plazo. Porque una persona apasionada magnetiza. Construye comunidades y alianzas estratégicas de forma orgánica porque su convicción genera confianza en los demás. Y quien carece de ella, depende exclusivamente de la autoridad o de los incentivos económicos para mover a otros.
La diferencia definitiva es el aprendizaje. La persona con pasión es un estudiante eterno; investiga tendencias, busca nuevas herramientas y conecta conceptos de distintas áreas. Quien no tiene pasión, se estanca en lo que ya sabe porque aprender algo nuevo le resulta una carga.
La pasión es la diferencia entre «tener que hacer» y «querer hacer». Mientras que el primero construye una carrera, el segundo construye un legado y una marca personal de autoridad.
Muchas personas destacan tu cercanía. ¿Es algo intencional o natural en ti?
Es completamente natural. Creo que esto lo heredé de mis Abuelos y de mi Mamá. Me interesa genuinamente la gente. Escuchar, conocer, entender. Creo que ahí está la base de todo: en mirar al otro con respeto y con tiempo.
Para mí, las personas nunca son un número ni un emprendimiento más, son historias, son vidas, son procesos muchas veces invisibles para el resto. Me importa mirar a los ojos, abrazar, escuchar sin apuro, entender qué hay detrás de cada proyecto.
La cercanía también tiene que ver con darse el tiempo, con estar presente de verdad. No se trata solo de apoyar una idea, sino de acompañar a la persona que está detrás, con sus miedos, sus dudas y también sus sueños.
Con los años he entendido que muchas veces lo que más necesita alguien no es una solución inmediata, sino sentirse visto, escuchado y valorado. Y si desde mi lugar puedo aportar a eso, aunque sea un poquito, ya tiene sentido.
No es una estrategia, es una forma de vivir y de relacionarme con el mundo.
¿Ha habido momentos difíciles en estos años?
Sí, varios. Como en cualquier camino, hay incertidumbre, cansancio, cuestionamientos.
Pero hay algo que siempre me ha sostenido, y es volver al propósito. Recordar ¿por qué partí?, recordar las personas, los rostros, las historias o las personas que he ayudado con esta iniciativa. Y en esos momentos difíciles, muchas veces sin que ellos lo sepan, son los propios emprendedores quienes me vuelven a levantar con sus avances, con sus ganas, con su resiliencia.
Recibo mensajes a diarios que son bálsamos para el alma con tanto cariño y tanta gratitud que muchas veces son mi verdadero combustible para seguir adelante.
He aprendido que los momentos difíciles no son una señal para detenerse, sino una oportunidad para reafirmar el sentido de lo que uno está haciendo, crecer y seguir adelante con más convicción.
¿Qué te inspira a seguir adelante día a día?
Me inspira profundamente la vida de las personas. Cada historia que conozco es un recordatorio de que el esfuerzo, la dignidad y las ganas de salir adelante siguen más vivos que nunca. Hay emprendedores que parten con muy poco, pero con una fuerza interior que conmueve, y eso a mí me moviliza todos los días.
También me inspira mi fe. Creo que cuando uno pone sus talentos al servicio de otros, algo se ordena por dentro. Hay una sensación de sentido, de estar donde uno tiene que estar, que es muy difícil de explicar, pero que te sostiene incluso en los días más exigentes.
Me inspira ver pequeños grandes logros: alguien que se atreve a mostrar su trabajo por primera vez, alguien que vende su primer producto, alguien que vuelve a creer en sí mismo. Una emprendedora que se atreve a hablar en público luego de años viendo como le costaba. Esos momentos, que a veces pasan desapercibidos para el resto, para mí son enormes.
Y también me inspira el compromiso que siento con el Maule. Esta tierra tiene un potencial inmenso, y creo profundamente en su gente. Eso no es un discurso, es algo que veo todos los días.
Al final, lo que me mueve es saber que, desde lo que hago, puedo ser un puente, una pequeña ayuda en el camino de otros. Y cuando uno encuentra eso, es muy difícil soltarlo.
Si tuvieras que definir en una palabra lo que has construido en estos años, ¿cuál sería?
Comunidad. Porque esto nunca ha sido solo mío. Es de todos los que han confiado, participado y crecido juntos.
¿Qué le dirías a alguien que está comenzando hoy con su emprendimiento?
Le diría que no minimice su historia. Muchas veces creemos que lo que hacemos es pequeño, pero detrás hay valentía, hay decisiones difíciles, hay ganas de salir adelante, y eso ya tiene un valor gigante.
Emprender no es solo vender algo, es un camino profundamente personal. Hay días buenos y otros muy duros, donde aparecen las dudas, el miedo, la comparación. Y ahí es donde uno tiene que afirmarse en su propósito, en su «para qué».
También le diría que no espere sentirse completamente listo para empezar. Nadie parte sabiendo todo. Se aprende en el camino, equivocándose, ajustando, creciendo. Lo importante es dar ese primer paso, aunque sea con inseguridad.
Que busque redes, que se deje ayudar, que entienda que no tiene que hacerlo todo solo. Y que cuide su energía, su motivación, porque eso es lo que lo va a sostener cuando las cosas se pongan difíciles.
Y, sobre todo, que no pierda la esencia. Porque lo que realmente conecta con otros no es la perfección, es la autenticidad. Cuando uno emprende desde lo que es, desde su verdad, eso se siente… y llega.
Mirando hacia el futuro, ¿qué sueñas para el Maule?
Sueño con un Maule más humano, más consciente de su valor y más conectado entre sus propias personas. Un Maule donde no solo se impulse a los emprendedores, sino donde toda la comunidad se sienta parte: los niños, los jóvenes, los adultos mayores, las familias completas.
Me gustaría ver una región donde los niños crezcan creyendo en sus talentos, donde se les enseñe desde pequeños a valorar lo local, a soñar en grande sin necesidad de irse. Donde los adultos mayores sean reconocidos como portadores de historia, de sabiduría, de identidad, y tengan un rol activo en la comunidad.
También sueño con un Maule profundamente orgulloso de lo suyo. Un Maule donde todos nos sintamos embajadores de nuestra tierra, donde con orgullo regalemos nuestros productos, nuestras artesanías, nuestros sabores y nuestras historias. Donde lo local no sea visto como algo pequeño, sino como algo valioso, único y digno de mostrarse al mundo.
Imagino una región donde potenciar lo nuestro sea una decisión colectiva, donde cada persona, desde su lugar, aporte a fortalecer esa identidad y ese sentido de pertenencia.
¿Y qué sueñas para ti en este camino?
Sueño con seguir aportando, creciendo y ampliando el impacto de lo que hago, pero siempre manteniendo la esencia: la cercanía, la humanidad y el propósito.
No me quiero poner límites. Siento que cuando uno trabaja desde el sentido y cree profundamente en lo que está haciendo, los caminos se van abriendo de formas que a veces uno no imagina. Me gustaría poder llevar este trabajo a más lugares, conectar con más personas, generar nuevas oportunidades y seguir construyendo puentes.
También sueño con seguir aprendiendo, evolucionando y manteniendo esa sensibilidad que me conecta con otros. Para mí es muy importante no perder nunca eso que le da sentido a todo.
Más que una meta específica, lo que busco es seguir siendo coherente con lo que creo, y desde ahí, permitir que el camino crezca todo lo que tenga que crecer.
Finalmente, ¿qué ha significado este camino en tu vida?
Ha sido profundamente transformador. Siento que marcó un antes y un después en mi vida, especialmente después de la pandemia. Ese momento removió muchas cosas, nos hizo cuestionarnos, mirar hacia adentro y replantearnos el sentido de lo que hacemos.
Este camino no ha sido solo un proyecto, ha sido una forma de vivir. Me ha enseñado a mirar con más empatía, a valorar lo esencial, a entender que detrás de cada persona hay una historia que merece ser escuchada.
También ha sido un camino muy emocional. Hay alegrías inmensas, pero también momentos que te remecen, que te hacen crecer, que te cambian. Y creo que ahí está lo más valioso: en cómo uno se transforma mientras va avanzando.
Hoy siento que esto no es algo que «hago», es parte de quién soy. Es una manera de estar en el mundo, de vincularme, de aportar desde lo que tengo.
Y si hay algo que me deja este camino, es la certeza de que cuando uno conecta con un propósito real, con algo que le nace desde el corazón, todo cobra sentido. Incluso lo difícil.