«El Clavel» un auténtico maulino
En una entrevista en detalle, repasamos toda la trayectoria de «El Clavel», Ernesto Cancino Muñoz, singular personaje criollo que nos ha dado tantas satisfacciones a los maulinos, desde que incursionó en el mundo de la música y del humor.
«El Clavel» vino de una realidad de mi personalidad. No me creo el cuento, no me creo artista,
no me creo diferente»
En estas celebraciones de Fiestas Patrias, siempre destacan personajes que representan las tradiciones campesinas más arraigadas de nuestra propia cultura. Ernesto Segundo Cancino Muñoz, a quien todo el mundo conoce como «El Clavel», ha sido un icono infaltable en programas de televisión, sesiones de radio, actualmente conduce el programa «Revolviendola con El Clavel», de lunes a viernes, a las 12 horas en Radio Amiga, también efectúa presentaciones públicas en eventos y recitales, llevando consigo el humor pícaro y alegre de nuestros trabajadores criollos y la música más original de nuestro folclore.
«Diario Maule Hoy» ha querido rendirle un merecido homenaje, a propósito de estas nuevas celebraciones dieciocheras, conversando con el hombre que le ha dado vida a este inolvidable personaje del alma chilena.
Estuvimos en su cómodo y espacioso hogar, desentrañando recuerdos entrañables de una carrera única y original.
¿Qué recuerdos tienes de tu infancia en el campo relativos a la música?
«Si hablamos de música estaba mi mamá que era cantora de velorios de niños chicos. De repente por ahí se ponía a cantar cuecas. Yo le aprendí el «charrangeo» de las cuecas a ella y mi hermano mayor fue el primero en llegar con una guitarra a la casa. Tenía cuatro años y la encontraba tan linda y lo único que quería era tocarla como lo hacen los expertos. Y siempre con la guitarra parada, para ver las cuerdas que era lo que más me entusiasmaba».
¿Cuando despertó tu afición profesional por la música, acaso, estudiando en el liceo?
«No, nada de eso. Yo nunca llegué a la enseñanza media, sólo estudié hasta octavo básico. Iba a la escuela en los recreos prácticamente (ríe). En la básica, fui casi siempre segundo en el curso, pero nunca fui al liceo, ni tuve el interés de estudiar. Esa enseñanza media y universitaria, simplemente no la conocía. Me acuerdo de la Universidad Católica, porque alguna vez íbamos a vender en la carretela, productos del campo con mi papá. Ahí veíamos el edificio de la UCM, que lo encontraba muy lindo, pero no sabía qué significaba. Yo pensaba que era donde había puros curas, aunque no veíamos monjas, ni nada de eso. O sea, el concepto de Universidad, no lo sabía, ni lo entendía. Y no fui a estudiar más, porque fijate que éramos once hermanos, hijos de un inquilino de un fundo. Y no fue por falta de plata, sino porque mi cabeza, no me iba a dar para estudiar en la universidad. De hecho, salí de la escuela y me casé».
¿Cuándo te diste cuenta que la carrera artística podría ser tu futuro profesional?
«Es que nunca pensé eso. Fueron dándose las cosas, casi puros accidentes felices. Jamás pensé, voy a cantar porque me va a ir bien. No, nunca».
«Yo recuerdo que quería cantar en Talca, como Raúl Rojas, El Carretero, como Tayo Escalona, como Palenque, como el Cheo Burgos. Eso era mi norte, pero más que todo para vivir esa parte, pero no para ganar plata. Nunca pensé que eso iba a ser parte de mi vida y de mi futuro. Entonces, se fueron dando solas las cosas».
¿Estuviste en grupos folclóricos en tus inicios?
«Efectivamente, primero me metí a un grupo folclórico de Cema Chile, que me trajo un amigo del campo. En ese grupo, me vio Raúl Rojas que me dijo: «yo creo que tú sabes más que el resto y te voy a llevar a otro conjunto, porque estos están empezando». Me llevó a Neculmán, una de las más destacadas agrupaciones folclóricas tradicionales de la región del Maule».
¿Cuándo nació el personaje El Clavel?
«Una noche escuché a Juan Tobar en una radio, que cantó una cueca: «Yunta de Bueyes» y después interpretó «El Clavel» y me gustaron las dos. No era llegar y grabar, había que aprenderlas bien, porque era una radio, entonces había que volver a escucharlas al otro dia, a las seis y media de la mañana en la Radio de la Universidad de Talca, que tocaban estas cuecas y me las aprendí de memoria, incluyendo el acento que usaba Tobar».
«En Neculmán, cuando estábamos ensayando, ahí, Alberto Ayala – que es hermano de Hugo Ayala-, me escuchó junto a los otros veinte integrantes y empezaron a reir, mientras me puse a interpretarla con el acento especial que le daba Juan Tobar, ( «guey») y después me fui a un segundo pie de cueca. Ahí a la gente le gusto y me invitaron a una peña folclórica. Me vio Lalo Vilches, que me pasó unos aperos y armó el personaje. Después con Teculman fuimos a Temuco, por un contacto con René Inostroza, y me llevaron porque proyectaban cosas del campo en el escenario, y entre proyección y proyección, tenía que haber un relleno. Y ahí me subieron al escenario y el resultado fue extraordinario, porque el personaje era nuevo y me empezó a ir muy bien».
¿ Cuando grabaste tu primer disco?
«En 1986, con registros como mi álbum de picardía campesina. Fue mi primer cassette para la EMI Odeon. Me llevaron a los diarios, y todo empezó así. Al año siguiente, lance mi segundo disco:»Por elegante y buen mozo», con el que alcancé gran popularidad en el programa «Sábados Gigantes» con Don Francisco».
¿ Cómo fue tu experiencia con Don Francisco?
«Me llamó un productor del programa, fui a Santiago y me agarraron buena hasta Don Francisco, que no conversaba con nadie. Pero a mí, me fue muy bien con él, ahí conocí a Miriam Hernández y al grabar el segundo disco, se juntó con la salida en Sábados Gigantes. Recuerdos que me llevaron para reemplazar a un artista el Jaja Calderón, porque Antonio Menchaca dijo le vamos a dar un ambiente folclórico y me llevaron mí. Fue por votación a través de la Revista VEA. El primer voto me lo dio el hijo de Carlos Helo. Y así partió todo. Lo único malo fue que partí a Viña del Mar».
¿Por qué fue tan triste tu participación en el Festival de Viña del Mar?
«Fue porque no tenía más libreto, ni tenía la personalidad suficiente para enfrentarme con el Monstruo. Prácticamente en cuatro meses, salir del campo y llegar allá, no era lo que necesitaba y no tenía la fuerza suficiente».
¿Toda tu trayectoria parece cruzada por accidentes felices?
«Créeme que nunca fui a pedir pega para estar en el festival o en algún evento determinado, jamás, desde el primer día y gracias a los amigos me hice conocido».
«Me dijo Víctor Hugo Castro,- que fue la primera voz del Trío Ilusión-, ¿y tú no has grabado? Ordenémonos un poco, yo te ayudo, porque conozco muchos sellos: Starsound, EMI Odeón, RCA Víctor, etc. Me llevó a la EMI Odeón con Miguel Cárcamo, director de la parte artística chilena y la primera vez nos juntamos en la Estación del Metro. Iba vestido como va la gente del campo a una reunión importante, muy bonito (ríe) , me llevó a la empresa, y grabamos la primera incursión con Víctor Hugo Castro y Nano Montt, y les gusto, por eso me apoyaron».
¿Crees que ha habido un personaje más auténtico y pícaro que El Clavel en Chile?
«Claro yo creo. Mi segundo disco, lo grabé con la gente de Talca y en Temuco se enojaron. Resultó muy bien y esas dos producciones se fueron juntas con sábados Gigantes y el disco. El disco vendió más de 25 mil copias y obtuvo Disco de Platino».
¿Siempre estuviste consciente que El Clavel era un personaje muy especial para el público?
«Nunca pensé que era especial, lo único que sentía muy especial, era que le gustaba a los niños. Una vez, Tayo Escalona me ayudó en eso. En una actuación me reí, entonces él me llamó y me sugirió que me riera más, porque mi risa era muy simpática y contagiosa. Dios es grande, me tomó y me quiso cambiar el rango a mi apellido, porque el apellido Cancino era puros trabajadores del campo, todos inquilinos y ninguno simpático. Así pienso. Y Dios me tomo y me llevo para hacer reír a la gente. Le gusté mucho a los niños y los niños nunca se olvidaron de El Clavel. Ellos crecieron y me han contratado hoy día, cuando me dicen, oiga a usted lo conocí cuando niño. Y como siempre, no fue solo una vez, porque esos niños van creciendo y se van acordando de mí. Yo no he pasado de moda para esos niños, sigo en la misma cuestión, y voy actuar hoy día y el gran público que me sigue, son los niños».
¿Tu proyección fuera de Chile, también fue muy importante?
«Tuve la suerte de estar en Suecia, Australia, Estados Unidos, y varios otros países, porque el personaje le gusta a la gente. En Miami, actúe porque me invitó el Consulado y no sabía para quien tenía que cantar. Cuando subí estaban todos los cercanos a la embajada de Chile, allí reunidos. Recuerdo que canté después de Leonardo Farkas y entre el público estaba Don Francisco. Debo confesar que soy una persona que le tengo mucho miedo al avión. Hay algunos eventos que no los acepto no más porque voy en avión».
¿Cual es tu mayor cábala cuando enfrentas un escenario?
«No tengo ninguna cábala, solo quiero estar muy despierto y me engancho. Siempre al público hay que tratar de ganarlos a como dé lugar. Estuve haciendo una rutina bien fome durante mucho tiempo, y decidí renovarme. Ahora yo entro rápido, he activado el show, y me va bien. Pero con el afán de vivir no más, no es una cuestión que yo quiera hacer una empresa».
¿Cuál es el hito más importante de tu carrera?
«Mis actuaciones en Sábados Gigantes fueron importantes porque me hicieron conocido en todo Chile. Tuve suerte con Don Francisco, que yo no le cayera mal a él. Nunca fuimos amigos porque es imposible hacerse amigos de gente tan famosa, pero reconozco que Sábados Gigantes y Don Francisco, me ayudaron muchísimo a cimentar mi carrera».
¿Cuántos premios, trofeos, diplomas y galardones tienes en tu trayectoria?
«Tengo la Antorcha de Viña del Mar, que sin embargo, sin tener un ciento por ciento de buen recuerdo, creo que hice la pega y me subí al escenario de la Quinta Vergara. Recuerdo que estuve con «Los Perlas» almorzando allí y la Antorcha de Viña del Mar, tiene su significado, realmente es muy importante. Y el otro, es el trofeo que gané en «Sábados Gigantes».
«Imposible saber cuál de todos los trofeos es mejor, porque todos tienen un significado distinto para mí y tienen su valor. Pase rapidito los 200 premios y trofeos. Así ha sido mi carrera ( rie). No me creo el cuento, no me creo artista, no me creo diferente. Sigo siendo la misma persona Ernesto, y El Clavel como que es otro, pero sé que es parte mía. Soy yo, y el Clavel vino de una realidad de mi personalidad «.
¿Qué valor ha jugado tu familia y cuántos hijos tienes?
«Es lo más importante para mi. Tengo seis hijos, lo que para los matrimonios actuales es una multitud ( ríe). Mi hijo mayor es casi mayor que yo ( ríe), y tuve la suerte de hacerlos estudiar a todos. Mi Dios me dio una mano, y me dijo tú vas a ir a cantar y vas a ir a entretener, vas a recibir una plata, y con eso, vas a cambiar el rango a tu apellido, ya no vas a ser basureado. Y tus hijos van a cambiar la senda. Eso no lo pensé jamás. Mi hijo mayor es Ingeniero Forestal, el otro mecánico, tengo una hija médico, un hijo geólogo y otro que es periodista, que trabaja en Santiago en el Ministerio de Transporte. Y tengo mi hijo menor, que es el más regalón. Estoy orgulloso de todos ellos».
Un mensaje para todos los maulinos que te van a leer en «Diario Maule Hoy».
«Que no perdamos nunca nuestras tradiciones, porque cada día nos están bombardeando con música anglo y de afuera, y la juventud actual escucha otro tipo de música y ahí estamos jodidos. Ojala que todo lo que sean manifestaciones folclóricas que se mantengan en el tiempo y se sientan orgullosos los papás, si a sus niños les gusta la cueca. Si hay más claveles, que sigan adelante esta noble tradición» ( rie)».
